La generación de electricidad
a partir de energía nuclear comenzó en
los años 50. En la actualidad existen 438 reactores
nucleares en el mundo. EEUU tiene 109, seguido de Francia
con 55, y Japón con 45. Otros 33 están
en fase de construcción.La mitad de los reactores
que 'funcionan' en el mundo se encuentran en los países
del Este de Europa y Rusia. Allí los riesgos
para poblaciones y ecosistemas se agravan porque las
partidas presupuestarias son insuficientes para el repuesto
de piezas y combustible gastado - uranio enriquecido
o plutonio - de las centrales nucleares.
Rusia pretende convertirse en el principal proveedor
internacional de servicios nucleares y receptor de residuos
apoyada por las mafias nucleares internacionales. Los
accidentes de Chernobil, Cheliabinsk y Tomsk I se los
lleva el viento porque la radiactividad no entiende
de fronteras. Mientras, miles de campesinos regresan
a Chernóbil a pasar sus últimos días
antes que morir en tierra de nadie. Otros muchos ni
siquiera se marcharon y sufrieron las consecuencias
de la radioactividad: leucemia, cáncer de tiroides,
retraso mental, mutaciones. Los 24 reactores situados
en la antigua URSS son altamente peligrosos. Si no son
desconectados, asistiremos a nuevas catástrofes.
C H E R N O B I L
Quince
años después
El 26 de abril de 1986, una explosión
catastrófica en la Unidad 4 de
la central nuclear de Chernobil - ubicada
en Ucrania, cerca del punto triple que
señala su frontera con Belarús
y la Federación Rusa - liberó
a la atmósfera una gran cantidad
de material radiactivo. La discusión
sobre las consecuencias del accidente
de Chernobil se habría de convertir
en una verdadera saga, posiblemente una
de las historias más dilatadas
y polémicas de la era tecnológica
moderna. El tema fue causa de preocupaciones
generalizadas en la población,
y concentró la atención
pública en la seguridad nuclear
en general.
El documento
completo publicado en la Revista Seguridad
Radiológica de la Sociedad Argentina
de Radioprotección puede bajarse
en formato PDF
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Mientras en los países desarrollados la industria
nuclear se convierte en fuente de riqueza para multinacionales
y poblaciones locales, la gestión de residuos
se convierte cada vez más en un problema de difícil
solución que compete a gobiernos, eléctricas
y, cada vez más, a instituciones supranacionales
que se constituyen en foros de decisión al margen
de la opinión publica.
Las eléctricas norteamericanas y europeas -
General Electric, Siemens, Westinghouse - se han lanzado
a la conquista de nuevos mercados en Asia y Europa Oriental
donde poder colocar sus nuevas tecnologías. Lanzan
cantos de sirena para obtener contratos de nuevas plantas
que les reporten sustanciosos beneficios. La ampliación
de la Unión Europea a cambio de cerrar reactores
peligrosos y sustituir los de primera generación
es un negocio redondo.
El discurso de las multinacionales eléctricas
y nucleares apela a que la energía nuclear no
emite gases contaminantes causantes del efecto invernadero,
pero eluden el problema de los residuos.
El desmantelamiento de las centrales construidas en
los 60 está cada vez más cercano. Pronto
llegarán al final de su vida útil. La
industria admite que las barreras creadas por el hombre
fallarán con el tiempo y los cementerios nucleares
deberán ser vigilados durante miles de años.
No hay institución que garantice que dentro de
100.000 años los residuos seguirán bajo
custodia. La gestión de residuos nucleares es
más cara que la producción de electricidad.
Alrededor de 100.000 toneladas métricas de combustible
irradiado esperan un emplazamiento que no existe. Los
expertos todavía no han dado con la fórmula
para eliminar los residuos. No podemos enviarlos a Marte,
ni sepultarlos bajo el mar como hace Gran Bretaña
y Rusia vulnerando la Convención de Londres de
1983. Sólo conseguiremos atajar el problema si
cerramos el grifo atómico progresivamente antes
de que la bañera de residuos se desborde por
completo. Suecia ha planificado el cierre de sus plantas
nucleares en 2010. Alemania ha anunciado que lo hará
en 2020.
El sector energético no quiere descentralizar
la producción y que cada ciudadano sea autónomo
para autoabastecerse y vender la energía sobrante
a la red. Perderían miles de millones de dólares.
Por esa razón inciden en que las energías
renovables no son rentables. Si el bajo coste del kilowatio
nuclear lo subvencionamos al pagar la factura de la
luz ¿por qué no sustituirlo por otro porcentaje
dedicado a incentivar las energías renovables?
Tierra, agua, fuego y aire eran los cuatro elementos
de los que estaba compuesta la Tierra para los antiguos
sabios griegos. Pongámoslos a nuestro servicio
en forma de minipresas hidráulicas, paneles solares,
parques eólicos y plantas geotérmicas.
El bienestar tiene un precio, pero no podemos pagar
todos el enriquecimiento de unos pocos. Mantener el
crecimiento económico es posible si conseguimos
ahorrar todo lo que despilfarramos, pero las políticas
de ahorro y eficiencia energética no son nada
si no van acompañadas de un profundo cambio de
conciencia, y de modelo de desarrollo. No basta con
mirar para otro lado. Hay que detener esta amenaza silenciosa.
Adolfo Miranda Brogueras
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